Reseña - Los comediantes a medianoche - Fernando Montero Bolaños

 

Por Fernando Montero Bolaños


¿Qué haría usted si entre los anaqueles de una librería encontrara una biografía de su propia vida escrita por alguien completamente desconocido y que relata con exactitud cada momento de su existencia?

¿Verdad que es tentador adelantarse a las páginas aún no vividas para conocer qué ocurrirá en su futuro?

¿Se animaría a leer las últimas páginas donde se relata su muerte?

¿Compraría el libro?

¿Seguiría paso a paso lo que describe la publicación o procuraría hacer algo diferente?

Estas preguntas ni siquiera se las planteó el personaje del cuento “Problemas de los nuevos géneros biográficos”, sino que pasó directamente a la acción. El único detalle con el que no contaba es que la realidad le jugaría una mala pasada con su final.

Este relato forma parte del libro Los comediantes a medianoche, una colección de cuentos del absurdo, de Marco Vinicio Aragonés, publicado por la Editorial de la Universidad de Costa Rica y disponible en su versión impresa en la Librería Universitaria, tanto en su ubicación física como virtual.

Al mejor estilo de un quiasmo, Aragonés coloca en el centro de su libro el cuento que le da el título a la obra, en el cual unos comediantes llegan a una fiesta de cumpleaños con un aparente encargo que, lejos de dar risa, nos exhibe el pan cotidiano que vive la sociedad actual. Es ahí donde siembra la duda de si lo absurdo ha dejado de ser un cuento para convertirse en una reproducción de la edición meridiana de un noticiario televisivo.

Antes y después de “Los comediantes a medianoche”, el autor propone dos relatos con personajes que tienen golpes de suerte únicos en la vida. Mientras uno de ellos ve desvanecerse su fortuna contra su voluntad en “Parábola de las distancias”, el otro decide acabar con ella en un acto insospechado en “La gracia y la renuncia”.

Además, el autor coloca otros dos relatos que, sin abandonar el estilo de lo absurdo, proponen dos maneras de entender la vida y sobrellevarla: una, desde la complicidad y solidaridad comunitarias y, otra, desde una aspiración escapista inspirada en la ficción cinematográfica. De ello dan cuenta “Señales terrestres” y “Ser como Jean Claude”.

Un peldaño más abajo se encuentran “Las fiestas nulas” y “La estancia solar”, dos cuentos que hablan de espacios restringidos a los que muchos quieren pertenecer por sus aparentes beneficios, pero que, al estar en ellos, la experiencia no es tan grata. La diferencia entre ambos es que, mientras en uno el protagonista huye asqueado del ambiente, en el otro se genera una especie de extraña adicción.

Los cuentos siguientes en el quiasmo hablan de experiencias y momentos de vida que le otorgan a la persona una licencia de inmunidad ante los avatares del mundo. “Pasar por donde asustan” no es nada bonito, pero genera los anticuerpos suficientes para enfrentar los sobresaltos futuros, así lo expone “La Jaula” y “Sobre el desdoblamiento y la triplicación del ser”.

Finalmente, al primer cuento del libro, ya reseñado arriba, se contrapone el último de la colección: “La bastardía”. En él, la vida de Lorenzo Dravia se hace de conocimiento popular simplemente por haber tenido la suerte (o la desgracia) de haber sido el niño “un millón” de la ciudad de Vadalcadar. En contraposición con el primer relato del libro, Lorenzo toma una decisión muy diferente en torno a su vida y destino.

 

 

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