Fotografiar un fantasma y luego convertirse en uno de ellos. Crónica de una desaparición. Por Marco Vinicio Aragonés
Abstract: El sildario blanco, conocido como el espíritu de la madrugada, es sin duda el ave más desconocida no solo de Centroamérica, sino también del mundo. Tanto es así que, aunque hay varios reportes escritos de su existencia, una sola fotografía a larga distancia y en modo térmico es la única evidencia visual que se tiene de esta esquiva ave nocturna. La fotografía fue tomada en Costa Rica entre el 16 y el 17 de octubre de 2018 por Bernardo Bettega, un joven brasileño aficionado al avistamiento de aves, que días después desapareció en las entrañas del Parque Nacional Chirripó.
La noche en que conocí a Bernardo Bettega
En 2018 trabajaba en una institución (cuya mención no merece) la
cual tenía varias sedes a lo largo del país y que yo debía visitar
periódicamente. Una de ellas estaba en el pleno centro de Pérez Zeledón y para
no emprender el largo viaje de vuelta a Cartago, solía hospedarme por tres
noches en el Hotel Chirripó justo en frente del Parque Central. Fue en ese
lugar donde tuve la oportunidad de conocer a Bernardo Bettega.
El 15 de octubre de 2018 fue lunes. Después del trabajo, y
sofocado por el calor, llegué al hotel y me senté a tomarme un refresco frío en
los típicos sillones de espera que los hoteles tienen al lado o cerca de la
recepción. Había en ese espacio una pequeña mesa con revistas y libros, de esos
que la gente lee más por vencer el insomnio que por verdadero interés. Después
de hojear una revista Rolling Stone tomé un libro titulado Mamíferos de
Costa Rica. Mientras estaba viendo sus imágenes, un extranjero entró por la
puerta principal y avanzó hasta la recepción cargando una gran mochila y un
trípode. Después de tocar varias veces el timbre sin que nadie lo atendiera, se
acercó hasta mí y me preguntó si sabía dónde estaba la persona encargada. Al
responderle que no tenía idea, se dejó caer agotado sobre el sillón que estaba
libre. Así transcurrieron unos minutos, yo pasando las páginas del libro y él
observando hacia el pasillo si el encargado aparecía, hasta que rompiendo el
silencio me dijo: Soy fotógrafo de aves.
Habitación en la que se hospedó Bernardo Bettega en octubre de 2018.
¿Quién era Bernardo Bettega?
Luis Bernardo Bettega, nació en 1989 en la ciudad brasileña de
Curitiba. Su padre era arquitecto y su madre es una maestra de preescolar
jubilada. Bernardo fue hijo único y ya desde niño era un amante de la vida
silvestre y el deporte. Practicaba el trekking, el ciclismo de montaña y la
escalada. El resto de su tiempo lo dedicaba a sus estudios de biología. Fue
precisamente su carrera universitaria la que le dio la oportunidad de visitar
Costa Rica por primera vez. En 2015 asistió a una conferencia de Biología en la
Sede Rodrigo Facio de la UCR. Fue precisamente en esa ocasión cuando escuchó
hablar del Sildario, una especie de ave nocturna que dentro de la ornitología
costarricense nunca ha sido catalogada por falta de contacto con un ejemplar,
pero que posee registros verbales de avistamientos incluso desde la colonia. En
muchos de esos documentos se habla del Sildario como un ave rapaz de tamaño
mediano, cuyo ulular tiene un extraño eco que ante el oído humano produce un
efecto de bilocación, es decir, que se percibe como si el ave estuviera en dos
lugares al mismo tiempo.
Luis Bernardo Bettega un año antes de su desaparición.
Nuestra conversación
La noche en la que hablamos, cuando la conversación ya había
llegado a cierto nivel de confianza, Bernardo me confesó que el Sildario se
había convertido en su obsesión, al punto de haber gastado los ahorros con los
que planeaba comprar una motocicleta en Brasil, en un costoso equipo de
grabación nocturna, igual al que los marines estadounidenses usan en sus
misiones.
Al escucharlo hablar, me di cuenta en seguida de que la obsesión que Bernardo decía tener no era exactamente por el ave, sino por el hecho de ser un pionero. Lograr algo antes que cualquier otro es un deseo irrefrenable en algunas personas y las puede llevar al extremo de jugarse la vida con tal de conseguirlo. Bernardo me dijo también que había estado acampando sin éxito durante cuatro días en el Sector Cabécar del Parque Nacional La Amistad, y que ahora lo intentaría en las faldas del Cerro Palmital. Después de hablar de algunos otros temas, que quizá no tiene caso detallar en esta crónica, le compartí mi correo electrónico para que me diera noticias sobre su búsqueda. Faltaban pocos minutos para las siete de la noche cuando nos despedimos poniendo rumbo cada uno a su habitación.
Bettega desaparecido
Pasados tres días después de su última salida del hotel, uno de
los recepcionistas reportó a las autoridades que Bernardo no había regresado
por sus pertenencias. Los agentes del OIJ que llegaron al hotel a revisar sus
cosas, tras darse cuenta de que había frecuentado áreas silvestres muy
recónditas, lo dieron por desaparecido y avisaron a su madre que iniciarían con
la investigación. Yo mismo en ese momento me apresuré a escribir un correo al
Poder Judicial informándoles del lugar donde Bernardo me dijo que iría.
Lamentablemente, después de un par de meses de búsqueda tanto
terrestre como aérea, la investigación concluyó sin resultado alguno.
El misterio del correo póstumo
Dos años después, en el nefasto 2020, específicamente el 2 de
noviembre a las 05:47 p. m., recibí la notificación de un correo electrónico
nuevo. Venía de la dirección betteg_1989 @hotmail.com, el asunto y el cuerpo
del correo estaban vacíos y tan solo tenía una imagen adjunta. Al abrirla vi
que se trataba de una fotografía térmica en la que se puede ver la silueta de
un ave en pleno vuelo ante un fondo indefinido de nubes o árboles. Tras esto,
de inmediato me contacté también vía correo electrónico con la madre de
Bernardo para consultarle si su hijo había vuelto a Brasil, sin embargo, ella
me contestó que seguía sin tener noticia de su paradero. En el Poder Judicial,
por su parte, el expediente seguía indicando desaparición no resuelta. Con este
panorama, lo único que me quedaba por hacer era responder el correo que recibí
con la fotografía. ¿Bernardo?, escribí.
Nunca obtuve respuesta.
Imagen adjunta en el correo electrónico.
Mi teoría sobre lo sucedido
Sobre la desaparición de Bernardo se puede especular muchísimo,
cualquier cosa puede pasar en la montaña y casi toda suposición es igual de
válida.
Sobre el correo recibido, mi teoría es que antes de desaparecer
y con toda la emoción del momento por lo que acababa de conseguir, Bernardo
envió la fotografía a varios contactos olvidando que en esa zona no hay
cobertura de internet. Tiempo después, en Brasil, algún familiar suyo quizá
encendió una computadora, una tablet o un teléfono que le pertenecía y ese
dispositivo al conectarse automáticamente a una red Wi-Fi envió el correo que
había quedado en la bandeja de salida.
¿Es el Sildario Blanco el ave que aparece en la fotografía?
Después de consultar con cuatro biólogos de diferentes
instituciones sobre el animal que aparece en la fotografía, las opiniones
fueron de dos a dos. Están los que piensan que se trata de alguna especie de
búho, por ejemplo, un mochuelo costarricense, y los que opinan que no se puede
identificar con precisión, ya que de ser un búho o una lechuza sería un
avistamiento raro por el tipo de zona en la que se supone se tomó la foto.
Mi conclusión
Todo misterio es como un organismo vivo. Sigue siendo misterio
mientras alguien lo alimente, mientras halle la forma de seguir germinando en
la mente humana como algo que necesita una respuesta lógica. El misterio es un
reto apasionante, pero también es una amenaza silenciosa, hay muchos, como
Bernardo Bettega, que estando a punto de contemplar lo que nunca se ha visto
antes, no se dieron cuenta de que la propia niebla del misterio los había
envuelto haciéndolos parte suya para siempre.




Me encantó la crónica, soy montañista y me sentí muy identificado con lo expuesto en lo escrito, además de interesante muy profundo, me encantó el mensaje que recibí.
ResponderBorrar